Leopardo de Sri Lanka: una especie poco conocida y amenazada en su hábitat natural

De entre las muchas subespecies de leopardos que existen entre África y Asia, el de Sri Lanka es uno de los menos conocidos. Con sus hábitos esquivos y su escasa población, con apenas 800 individuos, se encuentra catalogado como Vulnerable por la UICN.

Hoy, sin movernos de la pantalla del móvil, o el ordenador, vamos a volar hasta el Indico, donde se encuentra la Isla de Sri Lanka, el hogar de muchas especies que tras años de aislamiento del subcontinente indio han evolucionado como otras diferentes.  Un felino de entre 30-50 kg. de peso y con un tamaño considerable, puede parecer fácil de ver en los bosques de esta isla, pero nada más lejos de la realidad. Años de persecuciones y unas cuantas guerras civiles han mermado tanto la población que hace que los pocos supervivientes se desenvuelvan con sigilo y pasen desapercibida.

En nuestro parque podemos encontrar una pareja de esta subespecie, que en este caso si que nos pone fácil su observación, pero a la vez, si nos mostramos buenos observadores, podemos ver algunos de los rastros que dejan en sus territorios, siendo estos los que verdaderamente podremos ver en sus bosques originales, y los poco que delata su presencia en esa zona.

 

 

En esta fotografía es posible observar el típico marcaje del leopardo en sustratos blandos, remueven la tierra y orinan para impregnar su olor.

 

En determinados árboles se pueden observar arañazos en troncos, donde a la vez que se liman sus uñas, también definen así su territorio.  Uno de los comportamientos característicos de esta especie es que frotan su cuerpo por troncos, rocas… dejando su grasa corporal y pelos pegados. De esta manera se aseguran de dejar su rastro bien marcado.

Y, por último, si tenemos toda la suerte del mundo, podremos ver unas de sus características huellas, lo que no solo nos confirmará su presencia, sino que incluso nos podría indicar si se trata de un macho, una hembra…

Como ves, una visita a Bioparc Fuengirola nos obliga a abrir bien los ojos y convertirnos en auténticos exploradores, pues el mínimo detalle cuenta.

 

Antonio Garrucho

Jefe de cuidadores

Bioparc Fuengirola