Separada del continente africano durante 160 millones de años, la fauna y flora de esta isla del Océano Índico han evolucionado aisladas, dando lugar a que el 80% de sus especies sólo se encuentren en Madagascar, es decir, son endemismos. La riqueza biológica de sus bosques sitúa a este país entre los “puntos calientes” más amenazados del planeta.

No obstante, desde la llegada del hombre hace unos dos mil años, sus bosques y los animales que allí vivían empezaron a desaparecer debido a técnicas agrícolas destructivas y al abundante pastoreo de zebúes, al punto que hoy día tan sólo persiste el 20% de su masa forestal. La meseta central, antaño cubierta por un mosaico de bosques y sabanas arboladas, es hoy un paisaje desolado. La roja tierra, desprovista de su cubierta vegetal, es erosionada anualmente por las lluvias, y arrastrada al mar en tal cantidad que desde el espacio la isla aparece rodeada de una aureola rojiza.

Árbol Baobab
Los baobab son árboles singulares, gigantescas moles vegetales que destacan en cualquier paisaje. Sus grandes troncos y ramas desnudas surgen de la tierra como si quisieran agarrar el cielo. No es de extrañar que ocupen un lugar destacado en la mitología popular de muchos pueblos. Existen ocho especies de baobab, una en África, seis en Madagascar y una en Australia.
La especie representada en Bioparc Fuengirola es Adansonia digitata, común tanto en África subsahariana como en la isla malgache. Es la especie más conocida y numerosa. En la época de floración se cubre de un efímero manto de flores blancas y colgantes. Éstas darán lugar a frutos dulzones conocidos como “pan de mono”. La corteza es lisa. Puede alcanzar los 25 m. de altura y los 30 de diámetro. En su interior es capaz de almacenar hasta 6.000 litros de agua, lo que le permite aguantar prolongadas sequías. Hoy se sabe que existen algunos ejemplares de más de 3.000 años.
Del baobab se aprovecha todo. El aceite de sus semillas es comestible, con sus hojas se pueden elaborar tisanas calmantes, los estambres de sus flores son utilizados para hacer pegamento, su fruto lo comen los niños como si fuera una golosina y su madera se usa para hacer canoas o tejados. Los troncos más grandes son utilizados incluso como morada.
La creación de nuestro baobab supuso toda una proeza. Se trata de uno de los árboles artificiales más grandes del mundo. En su fabricación trabajó un equipo de 20 personas, que incluía albañiles, ferrallas, escultores, pintores y un botánico, y que emplearon 6 meses de trabajo. Su estructura es de hormigón y hierro, y su corteza es de cemento modelado. En su interior se alojan una sala de filtración, establos para antílopes y cobijos para lemures, y un centro interpretativo. Algunas de sus ramas, fabricadas en el suelo e izadas con grúa, pesaron más de 2.500 kg. Hoy se ha convertido en un icono del parque y de toda la ciudad de Fuengirola.







